Santos Carlos Luanga y compañeros, mártires

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Lectura del libro de Tobías

Tob 6:10-11; 7:1bcde, 9-17; 8:4-9a Fuente del texto: Biblia Platense (Straubinger) Descarga Ambo para ver las lecturas de hoy en otra traducción de la Biblia en español.

Preguntó Tobías al ángel: “¿Dónde quieres que nos hospedemos?” El ángel le respondió: “Aquí vive un hombre llamado Ragüel, pariente tuyo, de tu tribu, el cual tiene una hija llamada Sara, y no tiene otro hijo ni hija fuera de ella.

Entraron en casa de Ragüel, el cual los recibió con alegría.

Después de hablar así, mandó Ragüel matar un carnero y preparar un convite. Y como les instase a que se sentasen a la mesa, dijo Tobías: “Yo no comeré ni beberé hoy aquí, si antes no me otorgas mi petición y prometes darme a Sara, tu hija.” Al oír estas palabras, se pasmó Ragüel, sabiendo lo que había sucedido a los siete maridos que se habían casado con ella; y comenzó a temer que también a este sucediera lo mismo. Estando perplejo y sin dar respuesta al que preguntaba, dijo el ángel a Ragüel: “No temas dársela; porque a este que teme a Dios debe darse tu hija por mujer; por eso ningún otro ha podido poseerla.” Dijo entonces Ragüel: “No dudo que Dios ha admitido mis oraciones y lágrimas en su presencia, y creo que por esto os ha traído a mi casa, a fin de que esta reciba esposo de su parentela, según la Ley de Moisés. No tengas, pues, duda de que te la daré.” Y tomando la mano derecha de su hija, la puso en la derecha de Tobías, y dijo: “El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob sea con vosotros; Él os junte y cumpla en vosotros su bendición.” Luego, tomando papel, hicieron la escritura matrimonial. Después celebraron el convite, bendiciendo a Dios.

Tobías, por su parte, exhortó a la doncella, y le dijo: “Levántate, Sara, y hagamos oración a Dios hoy y mañana y pasado mañana; porque estas tres noches nos uniremos con Dios, y pasada la tercera noche haremos vida maridable; pues somos hijos de santos, y no podemos unirnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios.” Y levantándose juntos, oraban ambos a una, para que les fuese dada salud. Dijo Tobías: “Oh Señor Dios de nuestros padres, te bendigan los cielos y la tierra, el mar, las fuentes, los ríos y todas tus creaturas que hay en ellos. Tú formaste a Adán del lodo de la tierra, y le diste a Eva para que le ayudase. Ahora pues, Señor, Tú sabes que no llevado por lujuria tomo a esta mi hermana por esposa, sino por el solo deseo de tener hijos en los que sea bendito tu nombre por los siglos de los siglos.”

PALABRA DE DIOS Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 128:1-2, 3, 4-5 Fuente del texto: Biblia Platense (Straubinger) Descarga Ambo para ver las lecturas de hoy en otra traducción de la Biblia en español.

Cántico gradual. Dichoso tú que temes a Yahvé, que andas en sus caminos. Pues comerás del trabajo de tus manos; serás bendito, te irá bien:

tu esposa, parra fecunda en el interior de tu casa; tus hijos, retoños de olivo alrededor de tu mesa.

Así será bendecido el hombre que teme a Yahvé. Te bendiga Yahvé desde Sión, para que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida;

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

Mc 12:28-34 Fuente del texto: Biblia Platense (Straubinger) Descarga Ambo para ver las lecturas de hoy en otra traducción de la Biblia en español.

Llegó también un escriba que los había oído discutir; y viendo lo bien que Él les había respondido, le propuso esta cuestión: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús respondió: “El primero es: «Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, un solo Señor es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza»” El segundo es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No existe mandamiento mayor que estos”. Díjole el escriba: “Maestro, bien has dicho; en verdad, que «Él es único, que no hay otro más que Él». Y el amarlo con todo el corazón y con todo el espíritu y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Jesús, viendo que había hablado juiciosamente, le dijo: “Tú no estás lejos del reino de Dios”. Y nadie osó más proponerle cuestiones.

PALABRA DEL SEÑOR Gloria a ti, Señor Jesús.

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