San Juan María Vianney, presbítero

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Lectura del libro de los Números

Nm 13:1-2, 25-14:1, 26a-29a, 34-35 Fuente del texto: Biblia Platense (Straubinger) Descarga Ambo para ver las lecturas de hoy en otra traducción de la Biblia en español.

Habló Yahvé a Moisés, diciendo: “Envía hombres que exploren el país de Canaán que Yo daré a los hijos de Israel: enviaréis de cada una de las tribus de sus padres un hombre que tenga entre ellos autoridad de príncipe.”

Volvieron de la exploración de la tierra al cabo de cuarenta días; y se presentaron inmediatamente a Moisés y Aarón y a toda la Congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Farán, en Cades, para darles cuenta, a ellos y a toda la Congregación, mostrándoles el fruto de la tierra. Contaron a Moisés: “Llegamos a la tierra adonde nos enviaste, la cual en verdad mana leche y miel; y he aquí sus frutos. Pero el pueblo que habita en el país, es fuerte; las ciudades están fortificadas y son muy grandes; hemos visto también allí a los hijos de Enac. En la región del Négueb habitan los amalecitas, en las montañas el heteo, el jebuseo y el amorreo; el cananeo vive en la costa del Mar y en las riberas del Jordán.” Entonces Caleb tranquilizó al pueblo (que resistía) a Moisés, y dijo: “Ea, subamos y tomemos posesión del país; pues muy bien podemos conquistarlo.” Pero los que le habían acompañado, decían: “No podremos subir contra esta gente, porque es más fuerte que nosotros.” Así desacreditaron entre los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo: “El país que hemos recorrido para explorarlo consume a sus moradores, y todo el pueblo que vimos allí son hombres de grande estatura. Vimos allí a los gigantes, hijos de Enac, de la raza de los Nefilim; y éramos a nuestros ojos y a los ojos de ellos como langostas.” Entonces todo el pueblo alzó la voz y dando alaridos se pasó llorando aquella noche.

Y habló Yahvé a Moisés y Aarón, diciendo: “¿Hasta cuándo ha de murmurar contra Mí este pueblo perverso? He oído las murmuraciones que los hijos de Israel profieren contra Mí. Diles: ¡Por mi vida —palabra de Yahvé— que exactamente lo que hablasteis a mis oídos, eso haré Yo con vosotros! En este desierto caerán vuestros cadáveres. Cuantos fuisteis inscritos en el censo, todos los de veinte años para arriba, que habéis murmurado contra Mí,

A proporción del número de los días que explorasteis la tierra, o sea, cuarenta días, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, contando año por día; así conoceréis cual es mi aversión. Yo, Yahvé, Yo lo digo: Así haré con este pueblo perverso, que se ha levantado contra Mí. En este desierto se consumirán, ahí morirán.”

PALABRA DE DIOS Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 106:6-7ab, 13-14, 21-22, 23 Fuente del texto: Biblia Platense (Straubinger) Descarga Ambo para ver las lecturas de hoy en otra traducción de la Biblia en español.

Hemos pecado lo mismo que nuestros padres; obramos el mal, fuimos impíos. Nuestros padres en Egipto no tuvieron en cuenta tus prodigios; no se acordaron de la multitud de tus favores, sino que se rebelaron contra el Altísimo junto al Mar Rojo.

Pronto olvidaron las obras de Él, no aguardaron sus designios, sino que en el desierto se entregaron a su propia concupiscencia y en la soledad provocaron a Dios.

olvidaron a Dios, que los había salvado y que había hecho portentos en Egipto, cosas maravillosas en la tierra de Cam, cosas estupendas junto al Mar Rojo.

Los habría deshecho, si Moisés, escogido por Él, no se hubiese puesto en la brecha frente a Él, para apartar su furor a fin de que no los exterminase.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

Mt 15: 21-28 Fuente del texto: Biblia Platense (Straubinger) Descarga Ambo para ver las lecturas de hoy en otra traducción de la Biblia en español.

Partiendo de este lugar, se retiró Jesús a la región de Tiro y de Sidón. Y he ahí que una mujer cananea venida de ese territorio, dio voces diciendo: “¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está atormentada por un demonio”. Pero Él no le respondió nada. Entonces los discípulos, acercándose, le rogaron: “Despídela, porque nos persigue con sus gritos”. Mas Él respondió y dijo: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Ella, no obstante, vino a prosternarse delante de Él y dijo: “¡Señor, socórreme!” Mas Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros”. Y ella dijo: “Sí, Señor, pero los perritos también comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”. Entonces Jesús respondiendo le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágasete como quieres”. Y su hija quedó sana, desde aquel momento.

PALABRA DEL SEÑOR Gloria a ti, Señor Jesús.

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